La Japonesa
Si lo oriental y lo exótico se habían puesto de moda en
el Romanticismo todo lo relacionado con el mundo japonés tendrá enorme éxito en
las cuatro últimas décadas del siglo XIX. Las estampas japonesas influirán en
la obra de todos los impresionistas, marcando la planitud de numerosas escenas.
Buena prueba de esta atracción hacia lo japonés será esta obra en la que
Camille, la mujer de Monet, posa con una peluca rubia, vestida con un kimono
sobre una alfombra típicamente oriental. La pared está repleta de abanicos con
decoración japonesa. El dibujo es más preciosista, interesándose en algunos
detalles, quizá por su deseo de conseguir algo de dinero. Los colores rojos,
verdes y amarillos otorgan enorme alegría a un lienzo que fue vendido por 2.000
francos durante la segunda exposición del grupo impresionista, dinero que no
palió la necesidad financiera de los Monet.

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